¿Para qué sirve una Afore y vale la pena usarla en 2026?

IDC Online 03 Feb 2026 10:04 am

En estos casos, la Afore funciona como un instrumento de ahorro de largo plazo con rendimientos reales positivos y un impacto tangible en el monto de la pensión futura.

El debate sobre si vale la pena ahorrar en la Afore suele abordarse de manera general; sin embargo, los datos del estudio Resultados y Perspectivas de la Amafore muestran que el sistema de ahorro para el retiro tiene efectos diferenciados según el perfil del trabajador. No todas las personas obtienen los mismos beneficios, y el impacto del ahorro depende en gran medida del nivel de ingresos.

A partir del análisis del comportamiento de los retiros por desempleo en 2025, la evolución del salario mínimo y el desempeño financiero del sistema, se observó que la Afore beneficia de forma distinta a quienes se encuentran en los extremos del salario promedio. Mientras que para algunos representa una herramienta clave de planeación financiera, para otros resulta poco viable destinar recursos al ahorro de largo plazo.

La pensión garantizada es de alrededor de 16,000 pesos

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Durante la presentación de resultados, se destacó que en 2025 las Afores registraron ganancias superiores a las previstas, con un rendimiento anual de 16%, un promedio histórico de 10.7% y un rendimiento nominal mayor al 5%. A pesar de estos resultados positivos, surgió el cuestionamiento sobre a quiénes realmente les conviene ahorrar en una administradora para el retiro.

De acuerdo con la Amafore, las personas que ganan al menos 45,000 pesos al mes son quienes tienen mayor capacidad para construir un plan de ahorro sostenible y obtener beneficios significativos al momento de jubilarse. “Pensemos en alguien que gana 45,000 pesos al mes. La pensión garantizada es de alrededor de 16,000 pesos, es decir, poco más de un tercio de su sueldo. A esa persona sí le hace sentido el ahorro voluntario”, señaló Guillermo Zamarripa, presidente de la Asociación Mexicana de Afores.

Este escenario se explica, en parte, porque solo entre 8 y 9% de los trabajadores con Afore realizan aportaciones voluntarias, lo que representa una minoría. En la mayoría de los casos, la falta de ahorro no obedece a problemas de acceso al sistema, sino a ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas, lo que coloca al ahorro para el retiro como una prioridad secundaria.

Además, para quienes perciben ingresos cercanos o por debajo del promedio, el apoyo gubernamental juega un papel relevante. Programas como la Pensión del Bienestar, sumados a la pensión garantizada, permiten que muchas personas reciban en la vejez un ingreso similar al que tenían durante su vida laboral, siempre que no hayan contado con sueldos elevados.

¿Y para quién no resulta tan atractiva?

Para los trabajadores con ingresos bajos o inestables, el incentivo para ahorrar en la Afore es menor. La razón es estructural: los esquemas de pensión mínima garantizada y los apoyos sociales representan una proporción relevante —e incluso mayoritaria— del ingreso que se espera recibir durante la vejez, lo que reduce el impacto real del ahorro voluntario.

En contraste, los trabajadores que perciben cinco salarios mínimos o más, es decir, ingresos superiores a 45,000 pesos mensuales, enfrentan un escenario distinto. Para este grupo, depender únicamente de la pensión garantizada implica recibir apenas una tercera parte de su salario previo al retiro, lo que vuelve indispensable el ahorro voluntario si buscan mantener su nivel de vida.

En estos casos, la Afore funciona como un instrumento de ahorro de largo plazo con rendimientos reales positivos y un impacto tangible en el monto de la pensión futura. Para quienes tienen ingresos altos, el ahorro voluntario cobra especial relevancia, ya que la red de protección pública representa solo una fracción de los recursos que necesitarán durante su retiro.

En conclusión, el verdadero valor del sistema de Afores depende del nivel de ingreso, la trayectoria laboral y la capacidad real de sostener un ahorro de largo plazo. Entender esta diferencia es clave para dejar de discutir el sistema de ahorro en términos absolutos y empezar a analizarlo desde la realidad de cada trabajador y su nivel de ingresos.